A propósito del concierto de Heras: Gabriel Fauré y su Cantique

Faure-Gabriel-11[1864]

El día 27 de septiembre cantamos en la Iglesia de San Miguel, en Heras. En el programa, lírico y polifónico, está incluido el Cantique de Jean Racine, opus 11, del compositor francés Gabriel Fauré . Asombrosa obra, por equilibrio y expresión, muy querida por coros de todo el mundo, amateurs y profesionales, con la que Fauré ganó el primer premio de composición de la prestigiosa escuela en la que estudiaba, la Ècole Niedermeyer de París, con tan sólo 19 años de edad. Fue dedicada a Cesar Franck. Escrita para coro mixto y  piano/órgano, aunque cuarenta años más tarde el propio Fauré escribió la versión con acompañamiento de orquesta de cuerda. Obra exquisita en la que se haya el germen de una revolución tranquila en la música francesa, necesaria para la irrupción del impresionismo.

El arte de Fauré se revela en lineas maravillosamente cantable; en soluciones armónicas que aparentan simplicidad, con apenas alguna disonancia ocasional. A partir de esa melodía exquisita surge una escritura armónica que, de tan audaz, sorprende por su naturalidad. Y por el extremo respeto por el sonido y las palabras que lo acompañan. Todo gobernado por un sentido de la proporción estricto y equilibrado. Exige en los intérpretes corales cuerdas muy compactas, una afinación inmaculada y un gran control en el manejo de las dinámicas. Transparencia, claridad y equilibrio, señales de identidad de gran parte de la música francesa de finales del XIX. Sus innovaciones armónicas y melódicas influyeron sobre la enseñanza de la armonía en las generaciones posteriores.

Gabriel Fauré nació en Pamiers Ariège y estudió música en la École Niedermeyer de París con el prestigioso compositor Camille Saint-Säens. Desde 1866 hasta 1905 fue organista de varias iglesias, entre ellas las de St. Sulpice y la Madeleine, en París. En 1896 lo nombraron profesor de composición en el conservatorio de París, y entre 1905 y 1920, se hizo cargo de la dirección. Entre sus alumnos se encuentran los músicos Maurice Ravel, Florent Sehmitt, Jacques Aubert Charles Koechlin, Nadia Boulanger y el compositor rumano Georges Enesco. Junto con Saint-Saëns, Fauré fue defensor de los valores de la música francesa en un tiempo en que la tendencia predominante en Europa era adoptar los resultados y técnicas de la música romántica alemana.

Jean Racine (1639 – 1699) fue un dramaturgo francés que, entre sus muchas contribuciones importantes a las letras occidentales, realizó una traducción francesa de varias partes del Brevario Romano. Entre ellos se encontraba el himno escrito por San Ambrosio para el martes » Matins Consors Paterni luminis» (Oh luz de luz). A Fauré le pareció que esta recreación embellecía el original. Así decía el himno:

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1. Consors paterni luminis,

lux ipse lucis et dies,

noctem canendo rumpimus:

assiste postulantibus.

2. Aufer tenebras mentium,

fuga catervas daemonum,

expelle somnolentiam

ne pigritantes obruat.

3. Sic, Christe, nobis omnibus

indulgeas credentibus

ut proxit exorantibus

quod praecinentes psallimus.

4. Praesta, Pater piisime

Patrique compar Unice,

cum Spiritu Paraclito,

Regnans per omne saeculum.

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Oh Tú, consorte de la luz paterna

Oh tú, luz de la luna y eterno día:

Oye a los que, rompiendo las tiniebas,

Te piden con fervor que los asistas.

Desvanece las sombras de las almas,

Pon en fuga el tropel de los demonios

Y disipa la terca somnolencia

Para que no entorpezca el perezoso

Oh, Señor Jesucristo: sé propicio

A quienes con nosotros en Ti creen

A fin de que los himnos y los salmos

que elevan en tu honor, les aprovechen.

Atiende nuestras súplicas, oh Padre

que en unidad eterna con tu Hijo

y con el sacrosanto Paracleto

imperas por los siglos de los siglos.

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La interpretación que hace Jean Racine, es la siguiente:

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Verbe, égal au Tre`s-Haut,

notre unique espérance,

Jour éternel de la terre et des cieux;

Da la paisible nuit nous rompons le silence,

Divin Sauveur, jette sur nous les yeux!

Répands sur nous le feu de ta grâce puissante,

Que tout lénfer fuie au son de ta voix;

Dissipe le sommeil dúne âme languissante,

Qui la conduit à l’oubli de tes lois!

O Christ, sois favorable à ce peuple fidèle

Pour te bénir maintenant rassemblé.

Reçois les chants qu’il offre 

à ta gloire inmortelle,

et de tes dons qu’il retourne comblé!

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Palabra, igual al Altísimo,

nuestra única esperanza.

Día eterno de la tierra y los cielos;

De la apacible noche rompemos el silencio,

¡Divino Salvador, posa en nosotros tus ojos!

Pasa sobre nosotros el fuego de tu gracia poderosa,

Que todo el infierno huya al sonido de tu voz;

Disipa el sueño de un alma que languidece,

¡que se ha ido olvidando de cumplir tus leyes!

Oh, Cristo, sé favorable a tu pueblo fiel

que para bendecirte se ha reunido.

Recibe los cantos que ofrece a tu gloria,

¡y de tus dones lleno, retorna a nosotros!

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En 1892 Gabriel Fauré fue nombrado Inspector nacional de los conservatorios provinciales y en 1896 primer organista de la Madeleine y profesor de composición del Conservatorio de París, sucediendo a Massenet. En 1901 asumió el puesto de profesor de composición de su querida École Niedermeyer y cuatro años después del Conservatorio de París, que reformó decisivamente, haciéndolo más flexible y abierto a las corrientes coetáneas. Desde sus diversos cargos públicos ejerció una poderosa y benéfica influencia en el mundo musical francés, hasta su jubilación en 1920, a los 75 años de edad. Murió en París en 1924.

 

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