La zarzuela, el género chico y el Coro Lírico de Cantabria

 

La zarzuela ha sido identificada con frecuencia como género chico por la popularidad de ambas formas en el Madrid de los siglos XIX y XX, durante una época en la que el público no buscaba con ellas experiencias intelectuales serias o reivindicativas, sino un pasatiempo agradable y popular, dentro de un mundo musical afable, con ritmos conocidos, melodías pegadizas y letras reconocibles, aunque el argumento no fuera demasiado profundo. El mayor auge de ambas se produjo en las postrimerías del romanticismo y al amparo de la intensificación del nacionalismo por toda Europa a finales del XIX, coincidiendo con el desprestigio de la ópera italiana y el auge del wagnerismo.

El Coro Lírico en "Doña Francisquita", 2006

El Coro Lírico en “Doña Francisquita”, 2006

Otros géneros participaron también de sus características: las pretendidas óperas españolas que no lograron la categoría de tales, las operetas, las revistas, o el teatro de cabaret. Para mayor confusión en la clasificación de estas formas culturales de ocio masivo, hubo autores de finales del XIX que no se atrevieron a etiquetar como zarzuelas a algunas de sus composiciones “demasiado populares” y lo hicieron como comedia musical, comedia lirica, juguete cómico, a pesar de mostrar coincidencias apreciables como, por ejemplo, la incorporación de ritmos de danzas populares tanto españolas (jotas, boleros, zortzikos, pasodobles, seguidillas,…), como hispanoamericanas (tangos, habaneras,…).

Denominamos entonces “zarzuelas grandes” a las obras de dos o más actos, a imitación de la ópera grande, y “género chico”  a las compuestas de una sola pieza, muy famosas por su carácter “zarzuelero” y representables en los entreactos de otras más serias. Las primeras, que tienen más entidad, responden a la versión española del teatro hablado y cantado a la vez, no muy distinto de la ópera comique francesa, el singspiel alemán, la ballad opera o masque inglesa o, salvando muchas distancias, la ópera bufa italiana y las segundas, más propias del Madrid a caballo entre los siglos XIX y XX, presentan calidad desigual. Ambas acabaron fundiéndose con las revistas musicales más cosmopolitas, que las impregnaron de ritmos modernos sin que perdieran sus elementos populares, pues no en vano la permeabilidad fue una de sus principales características.

El Coro Lírico en "Los Gavilanes", año 2000

El Coro Lírico en “Los Gavilanes”, año 2000

Hoy en día están asociadas a una nostalgia trasnochada, porque no se aprecian muestras de renovación del género en los últimos 40 años, pero, como defiende Roger Alier en La Zarzuela (Ma non troppo), la zarzuela ya murió una vez, a finales del XVIII, para renacer inesperadamente en 1840 y toda aportación de actualidad a su mejor conocimiento será más útil que nociva para alertar de los problemas que presenta esta música española. El Coro Lírico de Cantabria, entre otros cometidos, quiere contribuir con sus actuaciones a mantener la calidad de ese patrimonio cultural en trance de desaparición.

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